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Sacerdotes de nuestra Diócesis que peregrinaron a Polonia
Varsovia conserva esas huellas de la historia representadas en su palacio real, en su casco antiguo. Es emocionante ver cómo hay cientos de lugares tales como una fachada cualquiera, un portal, una alcantarilla, donde permanentemente alguien mantiene unas velas encendidas y flores frescas en memoria de todos los que cayeron fusilados en el levantamiento contra los alemanes. Fueron muchos los niños que murieron entonces, que hacían de correo clandestino y se movían por dentro del alcantarillado, por eso les llamaban cariñosamente 'ratas'. Varsovia fue completamente bombardeada por la aviación alemana en la ocupación, pero han hecho una gran labor de reconstrucción y hoy goza de un aspecto moderno, cuidado, sede del gobierno y centro de la vida política del país.
Al tratarse de una peregrinación no puede faltar la visita obliga al santuario de Jasna Góra (montaña blanca) en Czestochowa. Es otra de las impresiones que recibe uno en Polonia: la devoción a la Virgen. El país entero está plagado de santuarios marianos, en muchos rincones, incluso en medio del campo hay una capillita de la Virgen. En esto nos hermanamos los dos países, España y Polonia, en nuestro amor a la “Madonna” -como ellos dicen-. Las imágenes de la Virgen tienen más la tradición oriental de representarla en iconos, tales como el famoso de la Virgen Negra, cuyo retrato ellos lo atribuyen al mismísimo evangelista S. Lucas. Ahora bien, en los santuarios se respira religiosidad, fervor, piedad, pero no ese escándalo que nos encontramos nosotros aquí en cualquiera de ellos. Los polacos se distinguen por esa sensibilidad, por ser más cuidadosos en el respeto, hasta en el decoro en el vestir. Czestochowa es el centro espiritual de Polonia, lugar tan querido por Juan Pablo II, y sitio de encuentro de jóvenes. ¡Ah los jóvenes! ¡Qué envidia, qué hermosura! Se les ve por decenas, en las iglesias, en las misas, rezando ante el sagrario, o ante la tumba de S. Estanislao, o con su breviario y acompañados de una monja joven como ellos. Es otra de las cosas que impresiona. Hay mucha gente joven resistiendo al envite de la secularización, del materialismo y consumismo, que poco a poco va llegando a un país que se despierta del dominio comunista, pero mantienen el tipo haciendo lo que su paisano nos decía un día en Madrid: “se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo” . Polonia está llena de vocaciones. Nos decía el guía, sacerdote redentorista, que bien podrían exportar un tercio del clero al exterior. Y religiosos, y religiosas. Todos nos quedamos embobados al visitar el santuario de la Divina Misericordia y ver la comunidad de monjas y novicias que había: treinta o cuarenta jóvenes, pero bien jóvenes, religiosas que alternan la vida típica de las monjas con su asistencia a jóvenes marginales, llegadas de la prostitución o del mundo de la droga. Ciertamente ahora mismo esta tierra es bendecida por Dios.
Y por todos sitios la imagen de Juan Pablo II, 'su Papa', su hijo más querido. Hasta en las profundidades de las famosas minas de sal de Wielicka . Los mineros polacos retrataron numerosos cuadros cristianos esculpidos en la sal. Otro de los placeres del viaje: ver cómo se puede ser hombre, minero, obrero y cristiano a la vez. ¡Igual que aquí, madre mía! Fue uno de los comentarios que nos hacíamos los curas, cómo las raíces cristianas de aquellos hombres no fueron barridas por el viento ateo del marxismo, sino que mantuvieron su piedad mariana, su amor a la eucaristía, su confesión frecuente, sin que ello les supusiera ninguna bajeza. Dentro de las minas hay hasta una iglesia donde se celebran bodas, y donde toda la ornamentación está hecha de sal, el altar, la cruz, el sagrario, y una estatua del Papa. Esto, y ver colas de gente de todas las edades en los confesionarios, niños, jóvenes, adultos, ancianos, fue algo que nos sorprendió vivamente.
Nuestros primeros pasos por Varsovia nos llevaron hasta el corazón de la historia polaca. Ciudad que habla de imperios, de invasiones, de personajes ilustres a los que cobijó, como Nicolás Copérnico o Frederic Chopin . En su catedral reposan los restos del Cardenal Stefan Wyszynski, uno de los mayores artífices de la resistencia polaca tanto en el periodo nazi como en el comunista, un hombre de gran influencia en Juan Pablo II y que marcará su historia como sacerdote, obispo y papa.Vale la pena resaltar lo que es una iglesia o una catedral en Polonia. Son más que un lugar de culto para los católicos, son auténticos centros de historia viva. En sus paredes abundan referencias conmemorativas a todo tipo de personajes, civiles o religiosos, que destacaron bien por la defensa de la iglesia bien por la defensa de la nación.En Polonia existe un vínculo entre la Iglesia y la nación indisoluble, y eso que en la actualidad las relaciones son de una natural independencia, hasta económica: la Iglesia polaca no recibe subvenciones del gobierno, los fieles mantienen su Iglesia, pero en absoluto se percibe ese clima de hostilidad que vivimos nosotros en España: son relaciones cordiales, sin enfrentamientos, sin descréditos, sin ataques. Hay que ver cómo quiere la gente a sus sacerdotes, a sus religiosas. Hay que ver qué respeto de las instituciones, qué unidad entre la gente, qué patriotismo y qué defensa de su historia cristiana. Nos decía el Padre Rackiewitz, nuestro genial guía, que cuando un padre quiere enseñarle la historia –toda la historia– a su hijo se lo lleva a una iglesia, porque allí está “toda” la historia del pueblo, una historia unida, de la que no se renuncia, que se aprecia y se ama entrañablemente. ¡Qué gusto da esa sensación de pueblo unido, y unido a su iglesia!

Virgen negra de Czestochowa

Calle céntrica de Cracovia
Pero sin duda la ciudad que está marcada por la vida de Karol Wojtyla es Cracovia , una ciudad preciosa que gracias a Dios se libró de ser arrasada por los nazis, quizá porque allí se instauró su gobierno provisional, en el castillo-fortaleza-catedral de Wawel . Es una ciudad medieval, con multitud de iglesias desde el románico al renacentista pasando por el típico gótico de la Europa central. Tiene una de las mayores plazas del mundo y es una auténtica maravilla disfrutar de sus terrazas, de sus parques, de sus paseos por el río Vístula . Es la ciudad del Papa, de la que fue alumno en la universidad, seminarista clandestino, sacerdote de una parroquia en el barrio de los estudiantes, y posteriormente obispo y arzobispo. Fue la antigua capital de Polonia y su centro vital es la colina de Wawel. Están unidos la catedral y una especie de alcázar que sirvió de sede de la monarquía. Allí está el sepulcro de S. Estanislao , primer obispo de la ciudad, y numerosos rincones que recuerdan a Juan Pablo II: la gran campana a la que subía con sus amigos en ocasiones de fiesta o de alarma a la población, el Cristo negro donde tantas veces suplicaría por la libertad de su pueblo, los confesionarios donde le espiaban las confesiones los miembros del gobierno comunista…

Catedral de Wawel
Son muchos los rincones de Cracovia que está relacionados con el Papa. Allí se gestó su vida sacerdotal, su resistencia intelectual frente a la barbarie nazi, sus experiencias pastorales con matrimonios y jóvenes, su lucha firme después contra el totalitarismo soviético. En el barrio de Nova Huta –donde nos hospedamos en un simulacro de hotel del régimen– como Obispo de la ciudad colaboró al levantamiento pacífico de los obreros ante las autoridades comunistas. Podríamos decir que ahí se gestó 'la caída del muro'. ¡Cuánto influyó este hombre en la consecución de la libertad para su pueblo! Cracovia es un encanto donde se pude disfrutar de su tranvía, de decenas de clases de vodka, de sus plazas con coches de caballos, de sus magníficas iglesias, de conciertos al aire libre. Y ya se van viendo españoles por allí, ya. Polonia empieza a ser lugar turístico, por su belleza y por el precio de la vida allí, algo más asequible para nosotros. Aunque comer, lo que se dice comer, … nada como en España, por supuesto.
Pero no todo iba a ser “agradable” en este recorrido por tan magnífico país. Había que 'peregrinar' a ese lugar donde dicen que un día vivió la muerte, había que peregrinar hasta las mismas puertas del infierno en el sentido más literal de la palabra. Me refiero al mayor campo de exterminio del holocausto nazi, el campo de concentración de Auschwitz . Aunque resulte sorprendente pero es uno de los destinos que entran dentro de cualquier ruta turística por Polonia. Y no podía ser de otra manera. Aquello se ha conservado como lugar visitable por una única razón: para que el mundo entero no olvide lo que sucedió allí y como allí en otros campos, para que todo el que lo visita tenga siempre en cuenta de lo que es capaz el ser humano cuando se vuelve loco, cuando el mal le posee absolutamente.
Animados por un grupo de “curillas aventureros” del Campo de Montiel nos embarcábamos a comienzos de agosto rumbo a ‘un país lejano' -como lo denominaría uno de sus más ilustres hijos, Karol Wojtyla -. Un grupo de cuarenta personas hemos tenido el enorme privilegio de viajar a un gran país, Polonia, siguiendo las huellas que dejara el querido Papa Juan Pablo II en la tierra que le vio nacer, crecer y convertirse en un inmenso testigo de la fe cristiana. Polonia es ya lugar no sólo de turismo, sino de peregrinación, pues además de contar con uno de los santuarios marianos de más tradición europea, el de la Virgen negra de Czestochowa , el país entero respira una gran devoción a quien para ellos es considerado ya como un santo venerable, el Papa Juan Pablo. Así que eso es lo que ha sido este viaje, una verdadera peregrinación a tantos espacios tocados por la presencia de Wojtyla cuya influencia en la historia política y religiosa de su país fue trascendental.
Es el lugar donde literalmente nos quedamos sin palabras, el lugar donde se borran las sonrisas, el lugar que te da una bofetada de impresión de realidad como pocas cosas lo hacen en la vida. Durante unas tres horas caminamos cabizbajos por Auschwitz y Auschwitz-Birkenau, dos campos separados por pocos kilómetros. Se calcula que allí asesinaron a más de un millón y medio de personas, entre judíos, polacos, húngaros, rusos, gitanos, homosexuales, deficientes, etc. Aún se conservan espacios escalofriantes como las cámaras de tortura, los hornos crematorios, los barracones de los presos, las letrinas, y miles de objetos personales tales como maletas, zapatos, peines, gafas, y hasta dos toneladas de cabello de las mujeres que se utilizaba para hacer medias.
Es, sencillamente, increíble, es como si eso no fuera posible, pero vaya si lo fue. Horas y horas más tarde te vienen a la mente esas imágenes y te preguntas ¿pero puede el hombre llegar a ese extremo de crueldad? Pues sí, y por eso conviene no olvidar. Auschwitz fue una inmensa fábrica de muerte donde se llevaron a cabo experimentos aberrantes y donde el ser humano llegó a los límites de su dignidad. Allí se vivieron historias conmovedoras y el desgarro de tantas gargantas que se preguntaban dónde estaba Dios en aquellos momentos. Entre esas historias, y como respuesta a esas preguntas amargas, la historia del Padre Maximiliano Kolbe . En una de las celdas de castigo, en el pabellón 11 del campo al que entras bajo un cartel que cínicamente pone “el trabajo hace libres” luce perpetuamente un cirio pascual, en el lugar en que el P. Kolbe murió entregando la vida por otro preso al que iban a fusilar y por el que canjeó su vida. Junto a otros prisioneros recibió allí una inyección letal después de animar y consolar a sus compañeros que iban muriendo uno a uno de hambre y de enfermedad. Dicen que a menudo se le oía cantar, lo que exasperaba a sus verdugos. Eso es lo que de Dios había allí: en medio de la más absoluta oscuridad y del abismo del mal un hombre amaba como el Crucificado le había enseñado, hasta dar la vida por los otros. Cuando estás allí qué relativas se te hacen otras cosas, cuántas tonterías se te quitan. Y piensas… eso es lo que somos capaces de hacer los hombres cuando olvidamos quiénes somos. Y rezas… Dios mío, que nunca vuelva a suceder esto.

Campo de concetración de Auschwitz
Andaba varios kilómetros para llegar al santuario de Kalwaria Zebrzydowska donde aprendió de su padre el amor a la Virgen. Allí también nosotros rezamos por nuestras comunidades y os encomendamos a todos a la Madre de Dios. Te imaginas perfectamente al Papa corretear por allí y arrodillarse ante la imagen de María. Son emocionantes sus recuerdos personales, que unas monjas conservan cuidadosamente para la vista de los peregrinos. ¡Qué será el día que sea canonizado! Nosotros a penas si esperamos para entrar media hora, pero este lugar promete ser un día uno de los más visitados por los amigos del Papa.
En fin, qué os diría sobre esta ruta polaca, pues que es muy recomendable, sinceramente, y que si tenéis ocasión no dudéis en hacer. Desde entonces, el buen Juan Pablo II es para todos los que fuimos a su tierra algo más en nuestras vidas.
Juan Pedro, sacerdote
Y la peregrinación llega a su término a pocos kilómetros de allí, al lugar donde todo nace y donde se fragua lo que va a ser la historia de un hombre tocado por Dios: Wadowice, el pueblo natal de Juan Pablo II, y la pila donde fue bautizado este gran cristiano. El papa fue monaguillo de su parroquia, que está justamente en la otra acera de su casa.Esta casa ha sido convertida en museo, y es ya lugar de peregrinos, de miles de personas que la visitan. El pueblo pequeño que vio nacer a Wojtyla es hoy una pequeña ciudad coqueta, bonita, que nos recuerda la infancia de Juan Pablo.Desde allí eran frecuentes sus excursiones a las montañas cercanas, de ahí su gran afición a esquiar, a navegar por los ríos en canoa.
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