

¿ Y si pusieran verde a tu madre?
Llevamos una temporada en la que no es raro que haya gente que nos pregunte a los sacerdotes si hay o no hay que ir a ver películas como “El código da Vinci”, o “Los Borgia”. A veces nos preguntan, porque no lo tienen demasiado claro. ¿Es bueno ver esas cosas? Unos piensan que es mejor ver este tipo de cine o de novelas donde se hace una crítica mordaz a la Iglesia o a alguna de sus instituciones, para tener una visión crítica de las cosas, para poder dialogar luego, en fin, para estar al día. Otros piensan que son cosas que les hacen daño, y que es mejor pasar de ellas.La verdad es que cada uno es muy libre de hacer lo que quiera, faltaría más. Pero si me piden un consejo yo lo doy: hay cosas que no merece la pena ni hacerles el mínimo caso. Porque, por ejemplo, ¿y si se escribiera un libro con los trapos sucios de tu familia, con el único afán de suscitar polémica? ¿apoyarías la iniciativa comprán-dotelo? Ciertamente nadie te lo agradecería más que su autor, para quien van los beneficios. |
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¿Y si hicieran una película en la que pusieran verde a tu madre, en la que se pusieran en cuestión su honor, su honradez o su misma fidelidad hacia tu propio padre? ¿irías al cine a ver la película por si es verdad lo que allí cuentan? ¿engrosarías la cuenta bancaria de quien lo único que espera es que hagas exactamente eso, llenarle los bolsillos gracias a sus sospechas sobre lo que es lo más sagrado para ti? Pues algo así es la polémica que suscitan estas películas. Por eso digo que cada uno puede hacer lo que quiera. Pero mi opinión creo que queda clara.
Ahora eso sí, ¿quieres a la Iglesia como tu madre o más bien estás sospechando continuamente gracias a la primera opinión que se pone a divulgar cualquiera? Porque eso es lo fundamental. Si tú mismo no te sientes miembro de esta familia, con todas sus consecuencias, siempre tendrás, ¡siempre!, motivos para buscarle los defectos, para airearlos incluso, para mirar en el pasado a ver si hay algo que no le puedas perdonar. Por el contrario, si para ti la Iglesia es reconocida como madre y tú eres parte de ella no serás ingenuo para pensar que todo es perfecto, no. Pero sí que no dudarás de que, aun con sus debilidades, es de lo mejor que te ha pasado en la vida, pertenecer a ella. Y no consentirás que un extraño la maltrate. Antes bien dirás: apúntame a mí también los errores del pasado y del presente, porque son de “mi” Iglesia. Pero como se dice respecto a la de la tierra: “todo te lo consiento, menos faltarle a mi madre”.
Juan Pedro, Sacerdote