

Hoy vuelve a suceder
La Semana Santa es el momento privilegiado para revivir, para actualizar la Pasión de Cristo, el misterio Pascual de su paso de esta vida a las manos del Padre tras haber realizado la obra de la salvación, mediante la entrega de su vida. Pero parece que en determinados momentos de la historia este “revivir” la pasión cobra un sentido casi literal. Es precisamente en estos momentos donde la fe de los cristianos se pone a prueba, donde nos debemos preguntar en qué creemos y si lo que creemos es o no es una auténtica locura. Sucede ahora como hace dos mil años: muchos sentirán que la fe en Cristo, Hijo de Dios, no puede tener ningún sentido, y menos en los tiempos modernos que corren.
Hoy como entonces la misma persona de Jesucristo sigue siendo atacada, flagelada, insultada, juzgada y destinada a la muerte: se quiere aniquilar toda huella de cristianismo que vaya quedando aún viva, y se hace mediante ataques a sus discípulos o a él mismo. Decidme si no qué significa esta operación “diabólica” que hace que cada pocos meses salga algún libro, alguna novela, alguna película, algún documental o algún libro de fotografías con la intención directa de hacer daño, de poner en cuestión los principios del cristianismo, de burlarse de lo más sagrado que hay para nosotros. Hoy la fe cristiana atraviesa por un auténtico Calvario, donde la blasfemia, la risa, el insulto, el ataque frontal, están a la orden del día, con una fuerza tal que hace dirigirse directamente al “fundador” mismo de la fe, ni más ni menos que al Hijo del Altísimo. Hoy, para un discípulo del Señor, para un cristiano, parece que la actitud que habría que tomar es ir por ahí pidiendo perdón por creer en lo que cree, y más si uno se confiesa ‘practicante'. Hoy tiene el cristiano una magnífica oportunidad para acompañar a su Maestro por la vía dolorosa sosteniendo su propia cruz y no dejando que se le rompa el alma por la vergüenza.
Sí, se “revive” la Pasión de Cristo. Nuestra semana santa se parece mucho a la semana grande de los judíos, que llenaban las calles de Jerusalén y creaban un ambiente de fiesta espectacular en los días de celebración de la Pascua. Nuestros pueblos parecen la ciudad de David en auténtica fiesta religiosa. Hoy también saldrán miles de personas por las calles aclamando al que viene en nombre del Señor. El “Hosanna” es el canto de trompetas y tambores, el tintineo de los pasos portados por cientos de anderos, la multitud que observa un magnífico desfile de imágenes sagradas. Es la entrada triunfal de Jesús en medio de su pueblo. Una entrada que pocos días después se iba a convertir en todo lo contrario. Muchos de aquellos iban a gritar después delante del Gobernador: ¡crucifícale, crucifícale! La inmensa mayoría lo iba a dejar solo, absolutamente solo cuando llegase el momento culminante de la cruz. Hoy parece que pasa lo mismo. Cualquiera diría que por lo que vemos en semana santa que el pueblo entero es cristiano. Cualquier hombre de otra religión se asombraría del fervor de la fe de los cristianos. Pero al Maestro le abandonaron, casi todos, también aquellos más cercanos a él. Cuando llega el momento de la exigencia, cuando llega el momento de que tu fe te comprometa es cuando aparecen estos sentimientos: ¡yo no conozco a ese hombre, yo no tengo nada que ver con él! Oh, sí, tu eres de los suyos, te he visto llevando un paso, ibas de andero, llevabas una túnica de penitente… ¡Te lo aseguro, jamás he sido de los suyos, no lo conozco, no sé de quién me hablas!
Sí, se quedará solo al día siguiente de la semana santa. Estará esperándote el domingo, poniendo la mesa para que te alimentes, te pedirá que realices eso como memorial suyo, pero tú dirás que para ser cristiano no hace falta ir a misa, ni aunque lo diga el mismo al que llevabas en un paso. Te pedirá que cambies tu vida, que te tomes en serio los Mandamientos, que un cristiano tiene que estar al lado de la verdad, de la justicia, de la caridad, pero tú le dirás que para ser cristiano no hacen falta leyes ni normas. Te pedirá que le conozcas, que te informes sobre él, que te dejes conducir por quien te puede enseñar, pero tú preferirás acercarte a él bajo el prisma de una novela ridícula y blasfema, y dudarás de él, del mismo por el que te pones una túnica en semana santa.
Sí, Cristo se queda solo, como se quedó entonces. Pero siempre le acompañará un resto, un grupo de discípulos, que no son ni los mejores ni tampoco los peores. Un grupo de mujeres, unos corazones de niños, un puñado de locos que se han creído su gran locura. Aquellos que están al pie de la cruz, los que se esfuerzan en imitarle. Los que se han creído eso del perdón a los que nos persiguen, los que rezan por los demás y por ellos mismos, los que van contra la corriente de un mundo que quiere eliminar a Dios de nuestra vida, los que quieren creer en palabras de amor, de sencillez, de esperanza…
Hoy se revive la Pasión , claro que sí. Hoy se verá quién confiesa como el Centurión ¡tú eres el Hijo de Dios!, y si tú eres el Hijo de Dios ya mi vida no puede ser igual. Hoy Jesucristo seguirá entregando su vida y pedirá a los discípulos lo mismo que entonces: haz tú lo mismo. Hoy, cristiano, tienes la oportunidad de morir con él, para esperar también poder un día resucitar con él.
Juan Pedro, sacerdote