Recuperar a Cristo

 

 

 

¿Qué tal si nos hiciéramos este propósito, “recuperar a Cristo para el cristianismo? Puede parecer algo chocante esta propuesta, pero me parece a mí que no es tan descabellada, sobre todo si lo pensamos un poco: ¿es Jesucristo el centro de la fe de los cristianos?

Echemos una ojeada a nuestro alrededor. Nos encontramos en pleno proceso de preparación de la Semana Santa. Nuestra sociedad se verá transformada en los próximos días, porque serán millones de personas los que saldrán a las calles para participar o contemplar los desfiles procesionales. Miles y miles de personas sacarán de los armarios las túnicas de penitentes, medallas, ornamentos, cirios, trompetas y tambores. ¿Qué sucede?¡Ah! ¡es Semana Santa! Hay que sacar las imágenes y juntarse las familias y los cofrades y las bandas porque estas son nuestras tradiciones.

            ¡Semana Santa! ¿Semana… qué?

            Cualquiera que provenga de otra cultura y vea lo que se monta estos días en nuestros pueblos se tiene que quedar asombrado. Pero el que se sorprende hallará en seguida una respuesta: “es que son cristianos, claro”. Ah… eso lo cambia todo, ahora sí que se entiende todo esto.

            Sí, durante unos días parecerá que nuestra sociedad está integrada por una inmensa mayoría de cristianos que, lógicamente, veneran y ensalzan devotamente a quien es clave en el cristianismo, Cristo, y todo lo que le acompaña alrededor, su Madre la Virgen, por ejemplo. Pero es aquí precisamente donde tenemos que empezar a interrogarnos: ¿es realmente Cristo el centro de la fe de los cristianos? Como acabo de decir, aparentemente sí, ¿quién lo dudaría en estos días concretamente? Pero eso, “aparentemente”. Qué sorpresa se llevaría ese visitante ajeno a lo que ve si supiera lo que de verdad ‘pinta’ luego Cristo en la vida de muchos de los que en estos días lo llevan en procesión. Porque ¿qué es la Semana Santa sino el memorial de nuestra fe en Jesús? Pero ¿qué es la fe en Jesús sino reconocerlo como Señor, vivo y presente en nuestra vida? Y esto es lo que ya empieza a fallar. ¿Señor? ¿vivo? ¿presente? Bueno, bueno, no me vengas con tonterías…

            Esta es, por desgracia, nuestra contradicción. Que las imágenes de Jesús serán las protagonistas de estos días, las imágenes, pero no Él; estos días, pero no en el día a día. Porque si no, no tendríamos abandonado al Señor como lo tenemos. Porque no se explica que uno tenga tanto “fervor” en estos días, y una vez pasado esto se vuelven a guardar en el armario no sólo las túnicas, sino los compromisos que conlleva el ponerte bajo un paso de Semana Santa.

            No, no es Cristo muchas veces el centro de nuestra fe. Si a muchos de ese ochenta por ciento de nuestra sociedad que se confiesan cristianos, les preguntas si creen, te dirán que “a lo mejor algo hay”, o que la fe es una cosa muy particular de cada uno, o que sí, pero a su manera, sin ser muy practicante que digamos. Eso es justamente echar a Cristo del cristianismo, porque lo que importa no es Él, sino lo que tú decides, lo que tú consideras que es bueno o malo, o verdad, o mentira, pero siempre “lo que tú”, no “lo que Él”. Si Cristo fuera el centro de la fe de los cristianos nos esforzaríamos más por conocerle a través del Evangelio, pero  para muchos es un personaje del que no conocen casi nada. Si Cristo fuera el centro de la fe no se te ocurriría decir que “algo habrá”, sino que le pondrás nombre y hablará de Él con toda convicción, y tratarás de confiar en sus palabras, en sus mensajes, en sus mandatos. ¿O no es de Él la idea de que tenemos que celebrar su memoria, su entrega, su Pasión en una cosa que se llama “la misa”? Sí es de Él, como también es de Él la ocurrencia de formar una Iglesia, esa Iglesia a la que se critica tanto, a la que se desprecia tanto. Como es de Él todo el conjunto de verdades y de principios que se derivan de aceptarle como Señor: la caridad fraterna, la lucha por el débil, el ordenamiento moral de nuestra vida, la oración, la confesión de nuestros pecados. Si Cristo fuera el centro del cristianismo ya veríamos si nuestra sociedad estaría confundida ante una posible ley que permitiría aniquilar vidas humanas en el vientre materno. Ya veríamos si nuestra juventud estaría tan desorientada y tan sin ganas de nada, tan sin ilusión por nada que no sea la noche y sus excesos. Ya veríamos si hubiera venido esta crisis de economía que esconde una gigantesca crisis de valores.

            Recuperar a Cristo, volver la mirada y el corazón hacia Él, es la tarea más urgente que tiene el cristiano, siempre, pero sobre todo cuando las cosas se desvirtúan, cuando corremos el peligro de tener una fe muerta, vacía, casi idolátrica, una fe puesta en los sentimientos pero no en la Persona Viva de Jesús.

            Semana Santa, tiempo para devolverle a Cristo el espacio que se merece en nuestra vida; tiempo para pensar precisamente esto, si Él merece o no la pena.

 

Juan Pedro, sacerdote

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