

¿Qué es un obispo?
Los vemos, con ocasión de algunas celebraciones, revestidos con unos signos que nos indican algo de especial en ellos: la mitra, el solideo, el báculo, el anillo, el pectoral, ... Así los reconocemos en medio de una asamblea, (aunque a veces ya ni nuestros chicos de catequesis saben identificarlos a través de esta imagen externa, y no hablo de memoria). O los vemos en televisión, reunidos con motivo de alguna declaración oficial, ante los medios de comunicación, etc. Pero ¿quiénes son estos hombres?
Al oficio de vigilar, de cuidar, de velar, oficio propio de pastores, se le denominaba en la antigüedad con el término “episcopear”. La “episcopé” era en la tradición bíblica la “visita” de Dios. De ahí su nombre: obispo, ‘cuidador', pastor. Eso es un obispo, el Pastor principal de un territorio, de una iglesia particular o diócesis, de una porción del pueblo de Dios. Ante todo, el obispo “es”, ‘es' algo, es un signo, es un sacramento, tiene en sí una realidad más allá de lo que aparece, como sucede en cualquier sacramento.No se trata de un ‘jefe' administrativo, de un cargo superior de una especie de empresa, ni es el coordinador general de una organización. Para comprender realmente lo que es un Obispo hay que hacer un acto de fe, como en tantas cosas que pertenecen a la fe cristiana. Sin esa fe en lo que significa un sacramento (una realidad divina presente y expresada en realidades materiales) no veríamos más que un director o algo así.
El Obispo es un pastor especial, pues trae consigo el pastoreo de Cristo, único Pastor. Podríamos decir que nos visita “el mismo Cristo” a través de él. Nos trae el testimonio de la Fe cristiana a través de la sucesión apostólica. El Obispo significa la “Tradición Católica”, universal, nos pone en contacto con el origen de nuestra fe: el mandato de Jesús dado a los Apóstoles y a sus sucesores para llevar el Evangelio a todo el mundo. Él nos trae esta “frescura” de la fe.
Él trae el testimonio de la Verdad, no su verdad ni ninguna verdad humana, sino la que se nos ha revelado en Cristo, Palabra del Padre. Al celebrar los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía, representa peculiarmente a nuestro Señor, de donde procede la vida, la reconciliación, la gracia. Él tiene como misión servir a este pueblo de Dios que la Iglesia le ha encomendado, interceder por nosotros, cuidar de nosotros, guardar la fidelidad al Evangelio y a las enseñanzas de la Iglesia, velar por la comunión de todos los cristianos, pastores, religiosos y laicos, hacer presente a Cristo que se hizo siervo de todos bajo las actitudes de la humildad y la generosidad.
Ciertamente es cuestión de fe. Hay que creer en su ministerio, que es sagrado, por encima de cualidades o defectos que la humanidad no deja de mostrar. Hay que creer que los Obispos en su misión pastoral suponen un estímulo para el pueblo creyente, un motivo de esperanza, de alegría, de renovación.
Bienvenido a tu pueblo, señor, esperamos mucho de ti.
Juan Pedro , sacerdote