Maria siempre

 

 

Se ha convertido en toda una ‘tradición' esto de hacerle la visita a la imagen de la Virgen en el mes de mayo, y resulta curioso ver ese continuo goteo de personas –incluso jovencillas- noche tras noche, aprovechando el buen tiempo que, por lo general, nos ofrece esta época del año.

Esta devoción “mayesca” nos llama la atención a muchos, y ver a la gente con tal piedad en estos días hace reflexionar a no pocos, especialmente con una pequeña pena en el alma: ¡Ay, si este acudir a la Iglesia con este motivo se convirtiera en algo más durante todo el año! Y es cierto: la devoción a María abre un horizonte gigantesco para el cristiano, que ha de ver en Ella mucho más que este rito emotivo de cumplir en mayo con la visita a su imagen. ¿Pero qué importancia tendrá la Virgen María para pedir de nosotros algo más ? Pues veámoslo.

La fe de la Iglesia ha definido en relación a María cuatro grandes verdades que la hacen Grande, que la hacen realmente ‘venerable', y ello es siempre con relación a su Hijo. No podía ser de otra manera. María no es quien es por sí misma, sino por lo que es respecto de Cristo. Además, cada uno de los grandes ‘títulos' de María tienen para nosotros consecuencias extraordinarias.

María, Madre de Dios . Esto es, sin duda, lo más grande que de ella cree la Iglesia. Es madre de Dios porque es madre de Jesucristo, hombre y Dios. Reconocer a María como madre de Dios es aceptar la fe apostólica que confiesa a Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre, cosa que no fue tan fácil asumir, y para lo cual se necesitaron muchas reflexiones, Concilios, posiciones contra herejes, etc. ¿Qué decimos cuando decimos “Madre de Dios”? Pues que Cristo es Dios, sencillamente. Pero la pregunta que nos viene hoy para la reflexión es si realmente para nosotros Jesús es Dios, o a lo peor no deja de ser un hombre extraordinario, un “buenagente”, pero no alguien que toca poderosamente mi vida y la trasforma, y su palabra es Verdad, y su presencia entre nosotros es real. ¿Quién sería María si su Hijo no fuera también Dios? ¿en qué se quedaría? María Madre de Dios me está diciendo: «Cree en mi Hijo, sigue a mi Hijo, que es más de lo que te imaginas».

María, siempre Virgen . Es el título con el que más la nombramos. Pero caigamos bien en la cuenta: ¡virgen!, es decir, virgen . Sí, y muchos quizá cuando lo piensan pueden creer que eso es un decir: ¡hombre, virgen, virgen, no! Pues sí, eso es lo que la Iglesia ha creído siempre. ¿Y por qué virgen, no podía haber nacido Jesús como los demás, de un padre y una madre? Pues es posible que sí, no hay en principio nada que estorbase a la fe. Pero pensemos. María se ha convertido, junto a su Hijo, en “signo” de otra cosa, en signo de un misterio grandioso: ella inaugura otra forma de ser hombres , inaugura otra humanidad, donde todos podamos llamarnos hermanos más allá de los lazos sanguíneos. ¿O no es eso lo que ha anunciado Jesús durante toda su vida? Hijos todos del mismo Padre, hijos en el Hijo. Podemos imaginarnos lo que algunas culturas se cierran en torno a la sangre, a la raza, como la judía, por ejemplo, o la mentalidad nazi en otro sentido... María ha dado a luz al Hombre Nuevo, nuevo del todo, y esa novedad le viene por la colaboración del Espíritu Santo que colabora con la criatura (María) para dar así comienzo a la humanidad de los hombres nuevos. Desde Cristo todos invocamos a un mismo Padre y a una misma Madre también; desde Cristo todos estamos llamados a ser hermanos con otra forma que va más allá de lo natural. ¿Entendemos, pues, el valor que tiene la virginidad en algunas personas? ¿entendemos que los curas no se casen? ¿entendemos que la sexualidad está al servicio de unas relaciones que trascienden lo puramente natural? Porque si no ¿qué haríamos al llamar a una virgen “madre nuestra”?

Inmaculada, o concebida sin pecado . Celebramos el 150 aniversario de esta otra verdad sobre María. En los evangelios se la llama “llena de gracia”, es decir, completamente limpia, llena de amistad con Dios. María es la primera mujer que ha sido limpiada por su Hijo ¡antes de que éste naciera! Este sí que es un gran misterio, pero un misterio lleno de hermosura. Cuando decimos ‘inmaculada concepción' no nos estamos refiriendo al nacimiento de Jesús, sino al de María: ella es la que es concebida sin la mancha de nuestros primeros padres, sin el pecado original, esa ruptura de la amistad con Dios que alteró todo el orden natural y cuyos efectos traspasan las generaciones de hombres, como una pieza de dominó que va cayendo sobre otra, y esta sobre otra, hasta nosotros. Para empezar una “nueva creación”, la nueva Eva se ha convertido en el recipiente de donde surgirá el nuevo Adán que esta vez sí devolverá la salud a los hombres: Jesucristo, nuestro Redentor. La primera sin pecado, la primera amiga de Dios, la primera que experimenta anticipadamente el triunfo de su Hijo. ¡No me digáis que no es grandioso todo esto! Pero ¿le doy yo importancia en mi vida al pecado? ¿colaboro a erradicar el pecado o trabajo con el Médico para limpiar la vida? ¿valoro lo que es la amistad con Dios? ¿me da igual? Cuando miro a la Inmaculada no veo más que gratitud, no veo más que salvación...

María Asunta al cielo, en cuerpo y alma . O lo que es lo mismo: Resucitada . Si Dios la hizo privilegiada a la hora de preservarla del mal ¿cómo no iba a participar “directamente” de la gloria de su Hijo Resucitado? Al venerar la imagen de María lo que hacemos es invocar a una persona que está ya resucitada, y resucitada como su Hijo, con un cuerpo glorioso. Por eso le podemos pedir cosas, y decirle que nos ayude, y que nos eche una mano, y agradecerle favores... ¡porque está viva! Los cristianos no adoramos imágenes, por muy hermosas que estas sean. De lo contrario caeríamos en la sinrazón de la idolatría. Sonreímos cuando vemos a hombres primitivos adorar una piedra en la selva. Pero no estaríamos muy largo nosotros si lo que nos hace conmovernos es esta o aquella “imagen”, o la virgen de... o ‘mi' virgen... con su respectivo apellido. ¡Cuánta rivalidad idiota con relación a este tema! La Asunción de María nos recuerda que el destino al que todos estamos llamados, la gloria de la resurrección, ella ya lo está viviendo. Por eso María es para nosotros, como dijo el Concilio Vaticano II, signo firme de consuelo y esperanza para el pueblo cristiano.

Por todo esto... María para todos los días, y María siempre con su Hijo, y María siempre con la Iglesia, nunca sin ellos, nunca como una devoción privada. Démosle a María toda su grandeza que consiste en eso: ser la primera y la mejor ¡cristiana!

Juan Pedro, sacerdote

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