gritarán las piedras...

El pasado verano se emitía un anuncio televisivo, muy bien elaborado por cierto, como es normal hoy cuando se trata de publicidad comercial, que me ha hecho pensar un poco sobre el uso de contendidos religiosos en nuestro lenguaje cotidiano, también en el lenguaje audiovisual.En concreto, se trata de la promoción de un producto por parte de una conocida marca de helados que llevan por nombre «los siete pecados capitales».

Una vez más, cómo no, el arca de lo religioso (cristiano) proporciona sin medida inspiración a los artistas del ‘marketing' para hacer más apetecible la compra de determinados productos, como en este caso ha sucedido con los ‘tentadores' postres. Y no digamos sobre el filón que suponen para la publicidad temas como el cielo, el infierno, los ángeles y los demonios, la confesión, las bodas, los monasterios, las monjas, los curas, y podríamos seguir añadiendo un largo etcétera.

 

Los principios y contenidos del cristianismo están tan sumergidos en nuestra cultura que afloran en cualquier momento a través de las expresiones de nuestro lenguaje, de los refranes, de los chistes, de las frases hechas, del cine, de la televisión, de la música, del arte, de la literatura, de la educación, del lenguaje político incluso, y hasta de la propaganda. ¡Pero todavía hay un sector social que considera la educación religiosa escolar un atropello contra las libertades! Y digo yo: ¿no es más atentado contra la libertad querer privar a los niños y a los jóvenes de esta riqueza religiosa que les posibilite comprender profundamente nuestra cultura y nuestra historia? Cada cual puede elegir su opción espiritual en la vida y ser o no consecuente con ella, pero lo que no se puede negar es que exista una dimensión espiritual en el ser humano.

Cada cual puede sentirse más o menos implicado o interpelado desde la propuesta del Evangelio de Jesucristo y de su Iglesia, pero lo que no puede un habitante de nuestro continente europeo es tratar de ocultar toda una Tradición que ha inspirado el modo y hasta el espacio en el que actualmente vivimos, a no ser que quiera pasar por esta civilización como un completo ignorante de la multitud de signos y elementos que desde la herencia cristiana se le presentan a su alrededor.

 

 

 

 

 

 

¡Hasta los fabricantes de helados están persuadidos de esto! Cuando desde los grupos sociales y políticos de presión se quiere acallar el universo religioso que empapa nuestra vida tienen que venir unos magníficos comestibles a poner de moda lo de ‘los pecados capitales', y tomen nota también los responsables religiosos que acomplejados ya no quieren hablar de estas cosas, por anticuadas se ve. Parece que la profecía de Jesús no deja de cumplirse: “... os digo que si éstos callan gritarán las piedras” (Lc 19,40). Sí, las piedras, y los políticos, y los agentes publicitarios, seguirán recordándonos palabras, imágenes y gestos que pertenecen al vocabulario cristiano, porque por mucho que algunos se empeñen no podemos renunciar a algo que ha colaborado en amasar eso que somos y en lo que nos movemos, nuestra cultura occidental.Que reflexionen los padres y los tutores sobre la educación “integral” que quieren proporcionar a sus hijos, esa educación que atiende a todas las áreas del conocimiento y a todas las dimensiones de la persona.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parece que por fin el Gobierno español va a tomar en serio los acuerdos institucionales entre el Estado y la Santa Sede, con lo cual no se está haciendo sino cumplir la legislación internacional vigente. Ahora es cuestión de que los responsables de la enseñanza y los padres aprovechen esta ocasión para el ejercicio de sus derechos y deberes. Y no sientan pánico los detractores de estas medidas educativas.

La Enseñanza Religiosa Escolar no es catequesis. Al joven que se ilustra en esta área no se le pide una implicación personal en lo que está estudiando. Se le pide el respeto y la seriedad para una asignatura más, como puedan ser las demás de ciencias o humanidades, con su rigor académico, tal y como está establecido en su propio currículo. ¿No me digan ustedes que no es una oferta positiva, si encima se la compara con la opción de ver sólo películas, jugar a las damas, o simplemente no hacer nada?Que al menos, los chicos y chicas, cuando hagan una excursión a una de nuestras ciudades monumentales saboreen bien las manifestaciones artísticas de tipo religioso que en todas ellas hay, o que cuando cogen un tambor en Semana Santa tengan idea de por qué lo tocan, o que cuando canten un villancico ante un Belén caigan en la cuenta de quién fue el que originó tal tradición, o que cuando vayan a comprar un pecado capital sepan lo que eso significa y puedan degustar con picardía cada uno de sus seductores sabores. Por cierto, yo aún estoy sin probarlos. Y no es por ‘penitencia'. Lo que no sé es cuánto tardaré en sucumbir a esta ‘tentación'.

Sí que creo que en el ‘cielo' tendrá que haber helados como estos. Y aunque sea por una vez, les incito a todos ustedes a cometer el ‘pecado' de comerse alguno, que siempre habrá ‘perdón' para el que únicamente quiera ‘redimir' su hambre. ¡Y sepan decir con entusiasmo que están ‘divinos'!

Juan Pedro, sacerdote

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