

La Iglesia de los que creen a su manera
No existe. Esta Iglesia no existe, pero quizá habría que inventarla, porque cada vez son más los devotos de esta nueva religión: «creer a tu manera». Y es que a nadie se le ocurre trasladar esta forma de ver las cosas en otros campos de la vida. Pero cuando se trata de la fe cristiana parece que aquí no hay límites. Como digo, cada vez son más los que quieren la tan famosa “religión a la carta”. Para muchos, el cristianismo no es ya un ‘seguimiento' del Señor Jesús, un discipulado, creer y actuar conforme a otro, conforme a Jesucristo. Sino que se entiende como un coger de esta religión lo que a mí me viene bien, no lo que Él me invita a tomar. Se cambia así el creer en Cristo por un creer ‘a mi manera'. |
![]() |
|---|
Es decir: cada uno es seguidor de sí mismo, de lo que le dicta su apetencia. Con esta expresión lo justificamos todo. Elegimos a la carta los productos que nos convienen. ¿Y quién es el dios en esa religión? ¡Yo!, por supuesto.Imaginemos que uno quiere ser de un equipo de fútbol, pero ‘a su manera'. Uno tiene el carné de socio. No le importa un pimiento ni el club, ni si el equipo juega o no juega, ni sabe cuál es la alineación titular, ni conoce la historia, ni ha visto un partido de su equipo hace años, y hasta si se tercia pone verde a la entidad delante de otros forofos. Pero un día juega su equipo la final de la copa de Europa y él quiere tener una entrada ni más ni menos que en el palco de invitados. ¿Cómo le sentaría al presidente?
Imaginemos que uno quiere ser alcalde de un partido político, pero ‘a su manera'. Dice que pertenece al partido, pero ni se identifica con él, ni acude a las reuniones, ni a los mítines, -bueno, alguna vez, cuando luego hay una cervecilla-, ni le interesa el ideario de sus miembros, y está en desacuerdo con la mayoría de los puntos del programa, pero como cada uno pertenece a un partido ‘a su manera', pues que quisiera ser alcalde. ¿Qué le aconsejarían los altos cargos?
Nadie se vincula a una institución o a una rama profesional ‘a su manera'. Las directrices de los grandes grupos humanos vienen marcadas desde fuera, no las haces tú a tu antojo, y eso es lo que las convierte en instituciones. Si no aceptas su modo de funcionar, sus normas, su sentido de ser, la solución es fácil: renuncias y eliges otro camino.
Pero cuando se trata de la fe cristiana... Aquí parece que vale todo. ¿Cuándo el cristianismo ha sido una fe hecha a tu medida y no a la escucha de lo que el Maestro propone? Se ha extendido como la pólvora esa expresión ridícula de «soy creyente, pero no practicante». ¿Creyente en qué? Serás creyente en una religión nueva, la tuya, la que tú te fabricas. ¿Se puede ser padre y no ejercer? ¿se puede ser amigo y no practicarlo? Di mejor que eres un mal creyente, o un mal padre, o un mal amigo. Porque esto tiene solución. Lo que no tiene solución es que encima digas que eres más creyente que nadie, o el mejor padre, o un gran amigo. Cuando digo que creo a mi manera ¿qué es realmente lo que estoy diciendo? Pues que yo voy a lo que me interesa, aunque para otros sea lo más sagrado, que me importa nada lo que Dios pueda decir en este asunto, porque soy yo el que pongo las reglas, y no al revés.
En esa iglesia de los que creen a su manera podrían estar los que no quieren a la Iglesia, pero quieren lo que ella a veces les proporciona: sacramentos sueltos, unos sí, otros no, ocasiones para montar una fiestecilla, celebraciones con cierto peso social, romerías donde lo que menos importa es en honor de quién se hacen, procesiones para desfilar con los trajes nuevos, patronos y patronas como excusas de un momento de ocio, etc.
Pero lo que pide la Iglesia, eso no. Que seamos coherentes, que nos formemos, que busquemos la unidad, que celebremos a Otro y no a nosotros, que nos esforcemos, que seamos instrumento para otros, que seamos honrados, que construyamos cultura y caridad, que el Señor sea el centro y el fin de nuestra vida... ¿eso? Eso no.
Sólo existe un problema. Como decía al principio, y es que resulta que esa iglesia, -al menos todavía-, no existe.
Juan Pedro, sacerdote